Y de repente llegó ese ansiado y esperado momento, se encontraron de frente a escasos centímetros entre ambos, el la miraba de manera peculiar, como si no fuera de este mundo, la miraba cada uno de sus rasgos, sus ojos, sus labios, su boca, estiró el brazo para acariciarla lentamente la mejilla; inspiraba seguridad y confianza, aunque por dentro fuera un montón de nervios y dudas incontrolables, tenía que armarse de valor para de una vez por todas poder contarle lo que sentía, no sabía como hacerlo, mas bien no sabía ni por donde empezar... pero si algo tenía claro era que no podía perderse aquella chica, así que sin mucha idea comenzó a hablar, costosamente le salían las palabras, una pequeña gota de sudor cómplice de aquella situación recorrió su frente, a penas había dicho nada cuando al mirar sus ojos ella le regaló su mejor sonrisa entonces comprendió que hay veces que las palabras no son suficientes para expresar lo que sentimos.
La tomó de las manos y se besaron.
No hay comentarios:
Publicar un comentario